“O Estado Ibérico”

27 11 2007

 

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Crónica ABC 26.11.2007

OTRA vez a vueltas con el iberismo. Si hace unos meses el Nobel portugués Saramago profetizaba una futurible y cercana unión de estados dentro de la Península Ibérica -olvidándose, por cierto, de que en ella no habitan dos estados, sino tres y, aun siendo puntillosos, hasta cuatro, con Gibraltar-, hace apenas dos días su homólogo alemán, el olvidadizo Günter Grass, apoyaba la idea y se congratulaba de compartir postura con un escritor -por Saramago- al que «le gusta decir cosas incómodas». Lo que no aclara mucho si a Günter la propuesta le parece interesante «per se» o porque simplemente va a resultar incómoda para alguien. Sea como fuere, lo cierto es que lo del iberismo, referido a una hipotética unión entre España y Portugal, tiene más años que Matusalén, literalmente. Ya el autor de «Os Lusíadas» y prócer de las letras lusas, Luis de Camôes, dijo aquello tan famoso de: «Hablad de castellanos y portugueses, porque españoles lo somos todos». Para entonces ya España y Portugal eran reinos independientes y, al poco de la muerte del poeta y por espacio de apenas sesenta años, ambos países volverían a compartir regencia, que no soberanía «stricto sensu».

Sin embargo, a lo largo de los siglos y especialmente a lo largo del XIX, los intentos por lograr una unificación entre estados han sido constantes y bilaterales. Desde Las Cortes de Cádiz hasta nuestros días el iberismo ha pervivido agazapado tras los grandes momentos de la historia de las dos naciones. Ya a principios de 1800 un grupo de liberales españoles trató de dar un nuevo impulso al proyecto de un gran estado ibérico. Algunos de los personajes que jalonan la Historia de España y la de Portugal de ese tiempo, empezando por el ladino Mendizábal o el político portugués Mouzinho da Silveira, pasando por Pi i Margall, autor de un libro bastante a propósito titulado «Las Nacionalidades», o el romántico Joâo Leitâo de Almeida Garret, quien afirmara aquello de «españoles somos y de españoles nos debemos preciar cuantos habitamos la península ibérica», y terminando por Menéndez Pelayo, Miguel Torga o el mismísimo Miguel de Unamuno, fueron firmes partidarios de esta doctrina que hoy, con la que está cayendo en esta piel de toro en la que los corvejones no quieren saber nada de la testuz, ni las chitas mezclarse con los «rubios», vienen a desenterrar dos literatos aburridos.

Un hecho, no obstante, puede no ser discutible. Al parecer, según han publicado algunos medios de comunicación en los últimos años, más de una cuarta parte de la ciudadanía portuguesa aboga por una unión entre estados. Porcentaje que se eleva casi al doble en el caso de los españoles que, según otras encuestas, estarían encantados de ver una nación ibérica única y unida. Eso sí, una abrumadora mayoría muy cercana al noventa por ciento de los portugueses querría que la capital de ese nuevo estado fuera Lisboa, frente a un casi cien por cien de españoles que apuestan por Madrid. Y ahí viene el lío; porque de eso en España sabemos un rato, con los nacionalismos «periesféricos» o con la bicha que se les aparece a los de Barcelona cada vez que uno habla de lo boyante que huele la vida allá donde se cruzan los caminos y donde el mar no se puede concebir, es decir, allá en Madrid.

Resulta, sin embargo, sorprendente y hasta generoso que un quince por ciento de los portugueses estén dispuestos a aceptar al rey Juan Carlos como hipotético Jefe del hipotético Estado Ibérico; porcentaje que, a buen seguro, se habrá incrementado de forma notable en estas últimas semanas.

Y dentro del iberismo, como es lógico, también hay gente para todo. Por eso, ya tenemos quien nos ha diseñado banderas con fórmulas de sincretismo heráldico y colorista, quien ha tarareado un himno virtual y hasta quien, como Saramago, ya ha bautizado a la criatura como Iberia, simplemente Iberia. A lo que viene muy al caso el comentario de un internauta ocurrente y malvado que decía: con ese nombre -Iberia- casi seguro que será una nación que llegue tarde a todas partes. Pues ya veremos.

http://www.abc.es/20071126/castilla-leon-castilla-leon/estado-iberico_200711260251.html


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